La ética y la política

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01/12/2013 per jformiguera

de Jordi Formiguera Macià

La Real Academia Española de la Lengua define la ética con estas palabras: “recto, conforme a lo moral” e introduce una acepción en la que incluye el concepto ética profesional que define así: “conjunto de normas morales que rigen la conducta humana”. Por otro lado, la palabra moral tiene varias acepciones, aunque para el caso que nos ocupa, considero que es especialmente relevante una de ellas que la define en los siguientes términos: ” que no concierne al orden jurídico, sino al fuero interno o al respeto humano”. 

En estos días de gran convulsión social consecuencia de la profunda crisis económica que sufrimos fruto del desmoronamiento del sistema capitalista, otras crisis más hondas acechan nuestro sistema de valores y creencias, una de ellas es, sin duda, la crisis política. Buscar y reconocer las causas de ésta requeriría de un vasto estudio que no puede quedar recogido en un simple artículo. Pese a ello, podríamos afirmar que uno de los aspectos que nos ha conducido al deteroriamiento del sistema político actual y de sus gobernantes es el distanciamiento de la política respecto a la ética. La relación de ambos postulados viene recogida desde los orígenes de la teoría política. Los grandes filósofos han recogido la necesaria interrelación entre ambas para un correcto funcionamiento social. Des del concepto de filósofo-gobernante de Platón, hasta los conflictos entre el bien individual y el bien común planteados por Santo Tomás,  el análisis de Tocqueville sobre la base moral de la democracia, pasando por Kant, Marx, Rawls o Habermans, todos los grandes pensadores han reflexionado y teorizado acerca de la necesidad de una ética política que rija el comportamiento de nuestros gobernantes. Hablar de filosofía, aunque sólo sea para citar a algunos autores, puede parecer un atrevimiento en pleno siglo XXI, pero es ese océano que se tercia entre el político actual y el filósofo, una de las causas que, en mi opinión, nos lleva a sostener la clase política que, lamentablemente, gobierna nuestras naciones.

Si nos encaminamos hacia lo concreto, estos días hemos vuelto a vivir un episodio dantesco, otro más, en la escena política de este país: el acuerdo por parte de la fiscalía y los imputados por el denominado Cas Pallerols, que ha supuesto que estos últimos, miembros del partido político UDC, hayan podido librarse de ser juzgados con el simple pago de una multa que les obliga a devolver las cantidades recibidas de manera ilegal. La manera como el Secretario General de UDC , Josep Antoni Duran i Lleida, se ha lavado las manos argumentando que desconocía lo que sucedía y que las responsabilidades ya han sido asumidas, ejemplificaría lo que es una actuación alejada del ámbito moral, más aún si nos remitimos a la definición de esta recogida en el primer párrafo de este artículo. La actitud de Duran i Lleida refleja la senda por la que caminan los dirigentes políticos actuales, aquella en dónde los más importante es salvar tu propia cabeza después de aprovecharte de manera ilícita de tu situación de privilegio. Podríamos aceptar que el dirigente democristiano es sincero en sus declaraciones, aunque parece poco creíble que quién dirige un partido o una empresa desconozca movimientos contables de tal magnitud, pero aún así, un comportamiento éticamente adecuado implicaría que, pese a ello, como máximo dirigente de un organismo afectado por un caso de corrupción demostrado, debería asumir sus responsabilidades y presentar la dimisión junto a toda la cúpula de su partido, como muestra de respeto hacia la ciudadanía que dicen representar.

Me gustaría resaltar que, lamentablemente, el Cas Pallerols es uno más entre tantos, y que la reflexión en relación a la actitud de UDC y sus dirigentes, podría trasladarse a tantos otros partidos y políticos, La ciudadanía está cansada de Pallerols, Filesa, Roldán, Sarasola, Ibercop, Palomino, Gran Tibidabo, Malaya, Tabacalera, Forcem, Paesa, Soller, Salmón, Gescartera, Rioperde, Plasenzuela, Pitiusa, Alcorcón,  Pretoria, Gürtel, Millet, Palma Arena, Mercasevilla, Campeón, Brugal, Minutas, Nóos… y tantos y tantos otros. Pero además, está hastiada por la casi total impunidad de aquellos que han sido acusados en algún momento de corrupción.

El problema de nuestro sistema político y de aquellos que están al frente de él no es la corrupción en sí, sino la actitud que la mayoría de imputados toman frente a esta, alejada de cualquier atisbo moral. En estos tiempos dónde impera la necesidad de cambio, es esencial recuperar la vertiente moral y ética de la política. Los principios de transparencia, servicialidad, responsabilidad, dignidad y búsqueda de fines universales deben recuperarse. Cualquier proceso de cambio que no tenga en cuenta ese imperativo puede conllevar la reproducción de los mismos cánceres. Vuelve a hacerse necesario que el político pase por el altar para comprometerse con la ética y que los ciudadanos y ciudadanas apoyemos esa unión.

PD: Si encuentra a un político que haya leído o estudiado los postulados político-filosóficos de los grandes filósofos pellízquese, probablemente esté durmiendo. Si además encuentra a uno que tenga un sistema de valores que aplica a su actividad política, despierte, en ese caso, seguro que está soñando.

 

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5 thoughts on “La ética y la política

  1. Niko ha dit:

    El señor Duran me parece un hombre muy inteligente y que maneja muy bien situaciones de todo tipo y, ante todo, es un buen comunicador. Un “charlatán” de los que sería capaz de convencerte de cualquier cosa. Eso no quita que, en mi humilde opinión, tenga una gran falta de ética y sea un interesado interesante, de los que puede justificarlo todo con su lucidez y berborrea.
    Si no llega otro más listo, su butaca no peligra y sus privilegios tampoco. El caso Pallerols es otra muestra más de lo adictiva que puede llegar a ser la poltrona.

  2. jformiguera ha dit:

    Por todo lo que comentas es más necesario que en cualquier otro momento de nuestra historia reciente que no seamos permisivos con aquellos que corrompen el sistema. Es sorprendente, por ejemplo, como el PP en la Comunidad Valenciana y en las Islas Baleares sigue obteniendo los resultados que obtiene pese a los casos de corrupción; o el apoyo que vemos que sigue recogiendo Berlusconi en Italia cuando ha actuado como un líder de la mafia desde hace décadas.

  3. Muchas gracias Jordi por este estupendo artículo. No puedo estar más de acuerdo con tus ideas y considero que cualquier ciudadano con un mínimo de sensibilidad estría a favor de que ética y política vayan de la mano. Históricamente es un reivindicación recurrente. Platón, aunque defendía que la polis debe gobernarla políticos que conozcan qué es lo justo, también, en un análisis más realista, indicaba que lo común es que el gobierno de los mejores derive en oligarquías, si no en algo peor. También me viene a la mente cómo en un precioso librito de Kant llamado “Sobre la paz perpetua” el filósofo alemán nos llama la atención sobre las diferentes exigencias de la ética y la política. Aquella nos exige ser como palomas, esta ser como serpientes; no le falta cierta razón… Sin embargo, para Kant la historia de la humanidad ha de tender a una confederación de Estados guiados por un principio de deber ético (el imperativo categórico). No obstante, no podemos obviar que la filosofía política, no nos engañemos, desde, por lo menos el Renacimiento, ha tenido como objetivo principal la reflexión sobre el poder. Su fin ha sido justificar y fundamentar por qué unos pocos han de gobernar sobre los muchos. Las razones han sido múltiples, pero Max Weber las sistematizó de manera diáfana. El poder se justifica o bien por razones carismáticas (dictaduras personales), tradicionales (dinastías monárquicas) y racionales (sistemas democráticos). La última forma de legitimar el poder es la que últimamente se impuesto en Europa (¡menos mal!), pero como vemos esto no basta. Los partidos políticos, una vez legitimados, se han dedicado a “leer” a Maquiavelo y perfeccionar todas las estrategias para mantenerse en el poder. La democracia formal, procedimental, que hemos construido nos ha llevado a una partitocracia, es decir, a otra forma de oligarquía. La esperanza es que la población, cada vez más formada e informada, no parece dispuesta a estos desmanes y está demandando más participación en el poder (también en el económico) y que la justicia (concepto este ya ético) entre en el debate político, es decir, que la filosofía entre en el foro público, porque no está tan claro qué es lo justo… pero este es otro tema que da mucho de sí. Un abrazo Jordi.

    • jformiguera ha dit:

      Muchas gracias Gabriel por tu aportación!!!! Es fantástica. Es una gozada poder leer tus palabras y añadir tu aportación como filósofo experto al artículo. Creo que la claridad como sintetizas algunas de las ideas de estos grandes pensadores despierta la curiosidad de muchos a leerlos con mayor detenimiento.
      Esperemos que vaya consolidándose la voluntad de la gente a participar de manera más activa en el poder y en la justícia y que la filosofía (pese a que algunos personajes al frente de ciertos ministerios luchen por lo contrario) entre en el foro público para quedarse.
      Un abrazo grande!!

  4. […] propia supervivencia de la primera y como herramienta para una necesaria regeneración del sistema (https://opiniolliure.wordpress.com/2013/01/12/la-etica-y-la-politica/). Desde ese día nos hemos levantado cada mañana con sucesivos escándalos, cada uno más grave e […]

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