Nada que celebrar

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12/07/2012 per jformiguera

de Jordi Formiguera Macià

Ayer día 6 de diciembre se commemoró el 34º aniversario de la Constitución Española actual. Los discursos destacando la vigencia del texto, realizados por los Presidentes del Congreso y el Senado e incluso por el propio Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se alejan de la realidad convulsa que está viviendo el estado espanyol en estos días de profunda crisis económica, política, social, territorial e incluso moral.

Es innegable que el texto constitucional fue clave y fundamental para consolidar la transición tras casi cuarenta años de dictadura, consecuencia de una cruenta y desgarradora Guerra Civil. El consenso en un período como aquel se hizo imperante y el diálogo y la negociación de cumplida obligación. Todas las partes cedieron para poder entrar en el mayor y más extenso período democrático en España.

Ese óptimo resultado ha confundido a muchos sectores de la sociedad, principalmente, la derecha y la extrema derecha (quizá los más reticentes a su aprobación en el 78), los poderes fácticos que las envuelven y a una parte amplia de la ciudadanía, al otorgarle un carácter sacro, casi por encima del bien y el mal. Pero hay otra amplia parte de la ciudadanía que, por distintas razones, reclama un cambio real en un país con unas vergonzosas cifras de paro que parecen no tener tope, unos índices de corrupción que lo sitúan al lado de países como Botswana, unos recortes sociales  que lo encaminan hacia la desaparición de la llamada clase media, asfixiada también por las constantes subidas de impuestos, unos índices de fraude fiscal insultantes… y un sinfín de datos escalofriantes en lo que pretende ser un país “desarrollado” y plenamente democrático. Todo ello acrecentado en comunidades, regiones o naciones, llámenlas como gusten, dónde sus habitantes se sienten incomprendidos e incluso maltratados por la falta de respeto y sensibilidad hacia su cultura, su lengua y sus instituciones o por un déficit fiscal poco tolerable en momentos de profunda crisis económica.

Por todo ello, más allá de los discursos que algunos quieran imponer y de la voluntad de recentralización y adoctrinamiento potenciada por Gobierno Central, la reforma de la Constitución pasa a ser un requisito indispensable si se pretende recuperar un cierto grado de convivencia que ayude a superar la conflictividad social y que respete verdaderamente la diversidad de las distintas regiones de España. Cada día que pasa las distancias son mayores, el terreno perdido cada vez más extenso y el tiempo transcurrido difícil de recuperar. España es un polvorín y algunos viven en la inopia. Se están planteando otras alternativas a la immovibilidad, cada vez más sólidas. En un país así la vigencia de la Constitución es una falacia.  Hoy, tres décadas después, no hay nada que celebrar.

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2 thoughts on “Nada que celebrar

  1. Niko ha dit:

    En Cataluña ya no había nada que celebrar desde hace tiempo, ahora menos y en un futuro nada relacionado con este día. La Constitución debe ser bajada del pedestal, abrir la vitrina y darle una buena remodelación, modernizarla a nuestro tiempo. También queda la opción de dejarla tal como está ahora y querer perpetuarla. En este caso, veremos hasta cuando aguanta en vistas de los futuros acontecimientos.

  2. jformiguera ha dit:

    Estoy de acuerdo contigo.
    Considero que la reforma de la Constitución pasa a ser un imperativo para la supervivencia de España y esto creo que algunos no se dan cuenta.

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